viernes, 11 de diciembre de 2015

Sara adoraba la música




Le hacia portar a mundos que jamás conocería y vivir experiencias prohibidas para ella. 

Todas las mañanas seguía la misma rutina, era la mayor ventaja de vivir sola. Ya podía llover, nevar o inundarse la ciudad que como cada día a las 8 en punto fichaba en su oficina,  el almuerzo de 9:30 a 10 y hasta las 3 en punto que volvía a fichar solamente la acompañaba la soledad de una mesa con mil papeles  y un viejo ordenador. 

Sara no se relacionaba con nadie, a veces la confundían con un mueble, perfectamente metódica y eficaz entendía ese trabajo como un desarrollo de su forma de vivir. 

Sus compañeros la observaban apenados e intentaban imaginar cómo sería la vida de Sara una vez fuera de aquellos muros. Ninguno podía imaginar la explosión de vida que sufría al adentrarse en aquella habitación. 

Tenía en su casa una habitación pintada de rosa muy pálido, una ventana protegida por un cristal azul claro la acercaba al mundo exterior, en su centro una silla y una mesa, se completaba con un espectacular equipo de audio. 

Sara llegaba a casa y comía como un pajarito, picaba esto, aquello, por la noche solía cocinar, pero cocinaba para varios días, el resto del tiempo lo repartía entre aquel espartano dormitorio y esa habitación. 

Un poco después de comer se introducía en otro mundo, Sara dejaba de ser la persona que veían todos y surgía la poeta visionaria que recorría mundos de amor intransitados, puestas de sol incombustibles de color rojo pasión, pasión como la que Sara volcaba en sus poemas deshaciendo en pequeñas frases su corazón. 

Solo escuchaba unas pocas canciones, no oía nada más. La consecución de temas y esa ventana azul eran su vida, eran su inspiración y le hacían brotar amores imposibles que en su pluma se transformaban en abrazos a la luz de la luna o en noches de pasión interminables donde siempre dos gotas de agua se encontraban y terminaban cerca de ese mar imposible que es el amor. 

Unos poemas que eran solo para ella, que sabía no saldrían de aquella habitación porque eran una parte imprescindible de su segunda vida, la más importante. 

Ya de noche, agotada, Sara salía de aquella habitación, le aburría estar fuera de ese mundo que tejía poco a poco, recordaba un poco a su familia, alguna llamada y el descanso. 

Al acostarse su mirada se perdía en la puerta de su habitación rosa y sonreía, un día de estos entrare para no salir, pensaba, y poco a poco se sumergía en un sueño que estaría guiado por unos versos estériles, que nunca llegarían a crecer delante de los ojos de otras personas, eran como la vida de Sara, una larga soledad que nunca vería el sol de una sonrisa ni la ternura de unos brazos que la rodearan….


 

2 comentarios:

  1. Me gustan mucho tus personajes. Están llenos de una vida muy particular y tienen personalidades muy definidas. Te felicito. Un abrazo muy fuerte

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    1. Gracias Ana y mas tratandose de ti. Sabes que tu opinión es crucial para mi. Un abrazo

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