miércoles, 30 de diciembre de 2015

The Dark side of the Moon.



Quien no ha soñado mirándola. Como cada noche su sola presencia nos excita o nos tranquiliza. 

Cuantas veces hemos ansiado estar en ella, poseerla.

Fiel a la oscuridad, como una acompañante que nunca descansa aparece. Haga frio o calor, sea lunes o viernes, ni siquiera notamos su presencia pero esta allí,  siempre a nuestro lado

Un día soñé con acercarme más, pensé por un momento que éramos uña y piel, carne y carne, pero la noche me devolvió a la realidad, allí estaba ella, lejana, altiva, presente, como una diosa que evita esconderse.

Cada luna tiene un lado oculto, ese que nunca se ve y este es al que dedicaron su álbum Pink Floid.

Dicen las lenguas envenenadas que esa música psicodélica fue fruto de un episodio de LSD, pero yo cuando la escucho me lleva al mundo de tiempo, de imaginación y de sueños inexistentes.

Bienvenidos al lado oculto de la luna donde cada uno somos lo que somos, donde desnudamos nuestras almas y no importan los cuerpos, donde el único alucinógeno es la vida.


Va por vosotros





martes, 29 de diciembre de 2015

El capricho de la escultura


Coral era conservadora en un museo de Barcelona. Por su mesa pasaban las nuevas adquisiciones del museo y como metódica que era le gustaba analizarlas hasta en sus más pequeños detalles. 

Una mañana recibió un busto bastante mal envuelto. A su petición de aclaraciones le informaron que era una figura que había aparecido esa misma mañana en la puerta del museo. 

Había dos cosas que le llamaron poderosamente la atención, la primera era la exquisitez de la talla, la segunda es que ese rostro le recordaba algo. Intento datarla para averiguar quién y cuándo la había realizado pero no encontró información por ningún sitio. Por afinidad al estilo pensó situarla en la época neoclásica pero había algo que la desconcertaba y no sabía que. 

Reviso las obras de Antonio Canova, lo cierto es que le recordaba poderosamente su estilo, estudio la obra de dos de sus más avanzados coetaneos: Damià Campeny y José Álvarez sin resultado. Estuvo todo el día ensimismada en aquel busto, tanto que olvidó comer y casi respirar. 

Al llegar la noche, turbada y molesta por la falta de resultados se marchó a casa. Caminando no dejaba de darle vueltas a la imagen, yo la he visto en alguna parte, se repetía. Así una y otra vez. 

Una vez en casa una ducha la reconforto un poco. Secándose echo un vistazo a las fotos que había encima de la cómoda del salón. Al mirar una de ellas se quedó helada. Allí estaba ese rostro, en una foto de su infancia. 

Excitada por el hallazgo cogió la foto y llamo a su madre. En un minuto le explico todo esperando que le pudiera aclarar donde se realizó, pero no tuvo éxito. Otra vez estaba en la misma encrucijada. 

Al día siguiente acudió al trabajo, al verla su compañero Ovidio le hizo notar las ojeras que había traído, ella le explico  que casi no había dormido presa de la obsesión por encontrar una solución a este enigma. Los dos juntos bajaron a recepción a intentar averiguar algo más, hablaron con la persona que lo había encontrado e incluso miraron en los aledaños del museo para encontrar una pista, pero no resolvieron nada. 

Pasaron varios días, Coral estaba a punto de rendirse cuando llego una carta a su nombre. Sorprendida la abrió. Dentro había un manuscrito que se refería a la estatua. Decía: 

“Ese busto que tienes en tu poder ha pertenecido a tu familia desde hace muchos años. Sobre el reza una leyenda por la cual todas las mujeres que toquen ese rostro morirán antes de cumplir los 15 años. Es por esto que tu abuelo lo escondió a los pocos años de nacer tú. 
Hasta hace unos días nadie sabía de su paradero, pero al hacer unas obras en la casa apareció escondido detrás de una pared, por eso te lo hice llegar. Tu sabrás que hacer con él”



 

lunes, 28 de diciembre de 2015

Aquella cena….




La tarde había comenzado muy bien. A media tarde caían los cubitos en las copas de los tres amigos. 

Esa noche siempre habían cenado cada uno en su casa, pero este año decidieron hacer algo distinto. De entrada la cena seria especial ya que no pensaban cocinar esa tarde. 

Se acercaron a un gran almacén y cogieron varios platos preparados, quizás hayamos cogido muchas cosas frías, le dijo uno a otro. Mejor, le respondió, así trabajaremos menos. 

Lo dicho, después de comer ya estaba comenzando la cena, su cena, y que mejor manera que comenzarla que con unos gin tonic’s en su pub favorito. Uno y después otro hasta que el camarero les explico, con gran persuasión, que tenían que cerrar. 

Lo primero que sacaron al llegar a casa fue una botella de vino, un magnifico Dalmau reserva del 2011 que le habían regalado a uno de ellos. Las tres copas brindaron mientras unos villancicos sonaban en el estéreo. Poco a poco intentaron impregnarse del espíritu navideño que inundaba todo. 

Una y otra vez planearon todo, el tiempo pasaba a su alrededor sin apenas darse cuenta. Uno, dos, tres, muchos más fueron los brindis aquella noche que avanzaba a su pesar. Fueron a preparar la mesa, intentaron repartirse las tareas y una vez más terminaron decidiendo al lado de la tercera botella de vino. 

Cerca de la medianoche se sentaron a cenar. El tiempo y la noche los abrazaba, poco a poco entendieron que lo importante no era la cena ni esa noche, era su sola presencia la que hacia que mereciera la pena.

Solo el momento, solo las personas....