lunes, 28 de diciembre de 2015

Aquella cena….




La tarde había comenzado muy bien. A media tarde caían los cubitos en las copas de los tres amigos. 

Esa noche siempre habían cenado cada uno en su casa, pero este año decidieron hacer algo distinto. De entrada la cena seria especial ya que no pensaban cocinar esa tarde. 

Se acercaron a un gran almacén y cogieron varios platos preparados, quizás hayamos cogido muchas cosas frías, le dijo uno a otro. Mejor, le respondió, así trabajaremos menos. 

Lo dicho, después de comer ya estaba comenzando la cena, su cena, y que mejor manera que comenzarla que con unos gin tonic’s en su pub favorito. Uno y después otro hasta que el camarero les explico, con gran persuasión, que tenían que cerrar. 

Lo primero que sacaron al llegar a casa fue una botella de vino, un magnifico Dalmau reserva del 2011 que le habían regalado a uno de ellos. Las tres copas brindaron mientras unos villancicos sonaban en el estéreo. Poco a poco intentaron impregnarse del espíritu navideño que inundaba todo. 

Una y otra vez planearon todo, el tiempo pasaba a su alrededor sin apenas darse cuenta. Uno, dos, tres, muchos más fueron los brindis aquella noche que avanzaba a su pesar. Fueron a preparar la mesa, intentaron repartirse las tareas y una vez más terminaron decidiendo al lado de la tercera botella de vino. 

Cerca de la medianoche se sentaron a cenar. El tiempo y la noche los abrazaba, poco a poco entendieron que lo importante no era la cena ni esa noche, era su sola presencia la que hacia que mereciera la pena.

Solo el momento, solo las personas....




 

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