jueves, 24 de septiembre de 2015

Se asomó a la ventana y vio el mar




Ese mar que conocía tan bien, ese mar que amo tanto su abuelo. Su madre le contaba a veces las largas tardes arreglando las redes al lado de sus abuelos, al principio tan aburridas y después tan anheladas. 

Su abuelo era menudo, físicamente parecía débil pero sus extremidades eran como columnas, su mirada siempre inerte menos cuando estaba con ella, su piel curtida a base de viento y gotas, su boca parecía encajada en aquel rostro siempre con una faria apagada entre los labios. 

Un día le habían dicho que tenía que dejar de fumar si quería seguir viviendo, fue la única vez que lo recordaba sonriendo. Miro al médico y lo mando a paseo, a partir de aquel día nunca volvió a encenderla. 

Solíamos ir al atardecer a sentarnos al pantalán y mirando al mar me contaba historias que decía suyas y que luego encontré en los libros que tenía en su casa, jamás imagine que el leyera, había tantas cosas que no sabía de el…. 

Aquel día me dijo mientras miraba al mar, Nube (siempre me llamaba así) si un día falto cuida de tu madre y de tu abuela. Fue como una premonición de lo que unos días más tarde ocurrió, aquel mar lo arrebato de su barco, lo atrajo a si con una ola, con una maldita ola. 

En su casa todo fueron lloros y angustia aquellos días, de todos menos de su abuela. Ella decía que amaba al mar y el mar lo amaba a él, ¿que mejor final que este?. Unos días más tarde fue a reunirse con los dos tirándose al mar ella también. 

Y aquel mar es el que veía ella ahora, azul, verde, blanco. Su vida había girado en torno a él y lo amaba tanto como lo odiaba, cuando estaba lejos suspiraba por tenerlo y cuando estaba aquí le agobiaba. Un día terminare mi vida junto a ti, le decía y allí en el horizonte parecía que el le sonreía…




 

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