El jardín estaba cubierto de hojas secas, como si el otoño hubiera decidido quedarse a vivir con nosotros.
—¿Recuerdas cuando vinimos a esta casa? —te pregunté, rodeándote la cintura con los brazos y acercándote despacio hacia mí.
—Hace frío fuera —respondiste, apoyando la frente en mi pecho.
Sentía la tersura de tu piel bajo mis manos. Te estrechaba con suavidad, como si temiera que el tiempo pudiera arrebatarnos aquel instante. Tu aroma, esa mezcla imposible de miel y viento fresco, me envolvía hasta hacerme perder el sentido del lugar.
—Aunque viva cien años, siempre me sorprenderá tu olor —susurré.
Estallaste en carcajadas.
—Soso —dijiste, riendo, mientras me dabas un pequeño golpe en el pecho.
Me habría gustado salir y pisar las hojas mientras tú me mirabas desde dentro, protegida del frío. No quería que salieras; el viento era demasiado cortante para tu piel, demasiado áspero para tus manos.
Recuerdo el día que te conocí. Me quedé prendado de tus ojos antes incluso de saber tu nombre. Tu sonrisa tenía algo desarmante, algo que me obligaba a creer en la posibilidad de un mundo mejor. Pero jamás imaginé que compartiríamos tanto: tardes interminables, silencios cómodos, proyectos, miedos, promesas.
Bajaste la mirada entonces, frente al ventanal. Te vi feliz. También algo nerviosa. Intentaste apartarte, como si la emoción te pesara.
—Vamos —dijiste de pronto, y tiraste de mi mano con esa energía tuya que siempre me descolocaba.
—Qué no haría yo por ti… —respondí.
Volviste a reír. Me empujaste hacia el jardín y cerraste la puerta tras de mí. A través del cristal te veía doblarte de risa, con esa alegría limpia que siempre me desarmaba.
Ven… —te decía con las manos, exagerando el gesto.
Tú negabas con la cabeza y sonreías, refugiada en el calor de la casa mientras yo hundía los pies entre las hojas, fingiendo una dignidad que hacía tiempo había perdido contigo.
El cielo estaba gris, pero el jardín parecía nuestro. Nuestro pequeño territorio de risas, discusiones sin importancia y reconciliaciones sin testigos.
Unos días más tarde nos dieron la noticia.
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