Yo no creo que sea el tiempo quien nos empuja. Creo que es una apisonadora.
Una apisonadora ciega y cruel, pesada, implacable, que avanza sin detenerse jamás, sin mirar a los lados, sin compasión. Una máquina que no pregunta, que no negocia, que no concede treguas. Y la llamo así porque posee una habilidad terrible: la de aplastarnos a todos, uno tras otro, con la misma indiferencia.
Nos machaca el cuerpo, sí, pero sobre todo nos pulveriza por dentro.
Cada vez que vuelvo la mirada hacia atrás veo el rastro que ha dejado su paso: personas que ya no están, palabras que no se dijeron, gestos que llegaron tarde, promesas que se disolvieron antes de cumplirse. Veo sentimientos abandonados en la cuneta, hechos que marcaron un antes y un después, sueños que quedaron a medio nacer. Y entonces regresa esa angustia antigua, conocida, casi íntima, que me acompaña con demasiada frecuencia y que ya no sé cómo espantar.
Nos gusta pensar que controlamos el rumbo, que el mañana nos pertenece. Algunos acumulan tesoros convencidos de que algún día los disfrutarán, sin sospechar que la vida puede detenerse en cuestión de horas. Otros buscan con desesperación a su príncipe o a su princesa azul, sin darse cuenta de que lo están viendo alejarse mientras calculan, dudan o esperan algo mejor. Y están también quienes miran por la ventana creyendo que un día descubrirán aquello que dicen anhelar, sin advertir que, mientras tanto, se les escapa todo lo verdaderamente importante.
Porque la vida no espera.
Pasa como una exhalación, como un sueño del que solo conservas fragmentos al despertar. Es como ese mar inmenso del que apenas conoces una sola playa, como una melodía que te atraviesa y se desvanece antes de que puedas aprenderla. Es como esos ojos que, cada vez que los miras, te invitan a creer en la felicidad, aunque sepas que no dura para siempre.
Y aun así…
Quiero sentir una vez más.
Quiero volver a padecer y a sonreír sin medida.
Quiero llorar sin vergüenza y reír sin motivo.
Quiero soñar de nuevo con esos ojos, con esa sonrisa que lo iluminaba todo.
Quiero hacerlo antes de que la apisonadora regrese.
Antes de que sea la hora de despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario