miércoles, 28 de marzo de 2018

La miro a los ojos



Y vio reflejada su vida en ellos.



Julia llevaba una vida normal. Tan normal que no se daba cuenta de ella. Todos los días la misma rutina, se levantaba a las 7, una ducha y partía al trabajo. Dos autobuses y mucha paciencia, llegaba a su oficina en la planta 18 y fichaba, un café y muchas horas delante del ordenador.

A las cuatro la vuelta, una casa desierta y varias camas por hacer, a ver si crecen estas petardas de una vez, se repetía cada día. Un rato después llegaba Adolfo con las niñas, unos minutos eternos aguantando sus batallitas y a hacer la cena y lavar la ropa.

Cada día igual.

Esa mañana tenia reconocimiento medico de empresa, relleno los papeles que aquella malhumorada recepcionista le dio y para dentro. Enseguida supo que algo iba mal cuando le repitieron el electro cuatro veces, el medico muy serio le dijo “le aconsejo que vaya con esta nota al medico de cabecera, ayer mejor que hoy…”

Esa noche no durmió, no le dijo nada a nadie, le entrego la nota a su médico y se cuajó, solo con ver su cara. Como una flecha se levantó y llamo a la enfermera. Dos, tres segundos eternos pasaron, al fin apareció otra vez.


Esto fue la semana pasada, desde aquel día he aprendido a valorar cada minuto, cada segundo, cada voz y cada suspiro. Lo cierto es que me di cuenta que mi vida había pasado desapercibida por la rutina.


Hoy, después de salir del hospital he intentado sobreponerme a la noticia, no he querido que me acompañara nadie, es mi vida y este momento lo tengo que digerir yo, solo yo. Y tengo que aprovechar cada instante que me queda a partir de ahora…





1 comentario:

  1. Es verdad. Cuántas veces nos quejamos de nuestra vida y esta tiene que sacudirnos para que aprendamos a valorarla.
    Qué alegría leerte.
    Un abrazo

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