jueves, 22 de septiembre de 2016

Àngel


Desde que empezó a hablar a Julia le costaba hacerlo con normalidad. Sus padres la llevaban a una guardería donde la encargada del comedor día tras día presionaba a los niños para que comieran rápido. Así ella salía al patio y podía saborear a escondidas aquel tabaco-

Poco a poco sus padres se convencieron que julia tartamudeaba y decidieron llevarla a un especialista. Después de muchas tardes a su lado vieron claro que no evolucionaba.

Estaban muy preocupados.

Un día llamó a su padre un amigo, Ángel tenía por nombre, estaba unos días en la ciudad y quería verlo. Quedaron una tarde al terminar las clases. Julia llamo la atención de Angel, este vio en sus ojos una ternura que nunca había sentido.

Su padre le narro los problemas de Julia, el la miraba y sentía que le buscaba. Unas horas después decidió quedarse a vivir en aquella ciudad.

Ángel adoraba la música, con los pocos ahorros que tenia compró un piano. Desde el primer momento decidió implicar a Julia. Recuerdo el día que lo llevaron a casa, el entusiasmado llamo a Julia.

Ven, tengo una sorpresa para ti, Aquel ángel contemplo el enorme artefacto y se encogió de hombros. El se sentó y entono aquella melodía. Nunca le salió mejor.

Poco a poco Julia aprendió a amar aquel instrumento y casi sin darse cuenta su habla empezó a ser normal.

Aquel año, segundo del instituto supo que Ángel era algo especial para ella, al terminar la tarde se lo confió y el sonrió.

Nunca mas lo volvió a ver.

Unos años más tarde le pregunto a su padre, ¿Ángel? No se a quien te refieres.


Ella sabía que no lo olvidaría nunca, mi ángel….



jueves, 8 de septiembre de 2016

Solo era mantequilla



Nunca me han gustado los espejos.

Además de esa fama de mala suerte que tienen, aún no he visto ninguno en el que me guste verme. Lo sé, me vas a decir que lo que no me gusta es mi imagen pero no tienes razón ¿Dónde has visto unos ojazos como los míos?

Sorpréndeme.


Ella tenía tres espejos en casa. Uno en el baño, el otro en el salón y un tercero en el pasillo.

Esta situación no era fruto del azar sino de una estrategia muy bien definida, cada uno de ellos tenía una razón de estar allí. Por ejemplo el situado en el pasillo era para verse cuando entraba o salía de casa.

Siempre había dudado de si olvidaba el alma en casa cuando salía, por eso siempre analizaba su imagen cada vez.

El del baño era imprescindible para saber que estaba allí de nuevo, siempre que se acostaba o se levantaba se miraba en él. Un día se sorprendió por su imagen mañanera pero poco más tarde lo comprendió.

El del salón es por si la llamaban por teléfono, siempre que sonaba, sorprendida se miraba en él e intentaba contestar.

Lo único que no recordaba es quien los puso allí. A veces le asaltaba la duda pero enseguida lo olvidaba. Lo más importante para ella en ese momento era saber quién era en realidad.

Aquella mañana entro en su cocina, no comprendía porque a todo el mundo le sabia malo que entrara allí, abrió la nevera, cogió aquel paquete y lo abrió.


Solo era mantequilla.


Maldito alzhéimer


lunes, 5 de septiembre de 2016

El cartel




Aquella mañana apareció un cartel en el tablón de anuncios de la urbanización. Este consistía en una hoja tamaño A3 con dos números y un signo enorme en su interior.

Decía: 6 – 2

Si hubiéramos puesto una cámara nos hubiera llamado poderosamente la atención la expectación que aquellos tres signos generaban en todos los que pasaban. Cada uno le daba un significado distinto según su estado de ánimo y sus gustos en la vida.

Manolo, el vecino del patio 7 lo miro y después de sonreír comenzó a pensar en los partidos jugados el fin de semana anterior. Azalea, la del Ático del patio 3 se froto la barbilla y huyo asustada después de unos minutos con paso firme hacia la calle.

Incluso Fermín, el portero, creyó intuir un mensaje relacionado con sus turnos de trabajo mientras observaba con interés y cierta desconfianza las reacciones de algunos vecinos, sobre todos los que consideraba que no lo tragaban.

Aquella jornada muchas personas se pararon delante de aquel cartel que al principio les parecía absurdo y después les intrigaba, a más de uno o una les impediría conciliar el sueño esta noche.



Fuimos a salir por la tarde, después de nuestro trabajo en la oficina nos apetecía andar, te cogí de la mano y te acerque al tablón. Al momento sonreíste y me diste una leve y cariñosa patada, jaja reías a carcajadas.

Tonto, me dijiste.

¿Qué les importa a los vecinos lo que hicimos anoche?