lunes, 20 de febrero de 2017

Cadena de favores



Salió pronto de casa. Cada día se le hacía más costoso levantarse para ir al trabajo y sabia porque.

Aquella mañana al mirarse al espejo había observado sus ojos, rodeados de unas inmensas ojeras parecían dos tímidos farolillos que asomaban entre en mar de carne. Algo en ellos le llamaron la atención, no los recordaba así.

Mientras la máquina de afeitar recorría su cara no podía dejar de mirarlos. Poco a poco acerco su cara al espejo.

El vagón del metro vibraba a cada instante. A veces le costaba mantenerse en pie, frente a él observo una chica joven que movía los labios, con su pelo en cresta y su cara maquillada en colores oscuros, dibujaba la música con su boca.

A su lado una anciana con su carro de la compra, no entiendo – pensó – como puede alguien levantarse a esta hora para ir a comprar. Se oyó el nombre de su estación y maquinalmente se acercó a la puerta, día tras día Tomas hacia el mismo recorrido, ni una sonrisa, ni una palabra, siempre era así.

Hoy le esperaban en la oficina, no era habitual tener reuniones a una hora tan temprana pero hoy seria especial. Nada más entrar la secretaria de la planta le indico que llamara a su jefe de departamento. Un escalofrió recorrió su espalda, eran muy contadas ocasiones las que hablaba con él y siempre era para corregir sus actuaciones ¿Qué abre hecho mal? – se preguntó - .

Sr Joaquín ¿quería hablar conmigo? – Le pregunto – si Tomas, le respondió, suba usted a hablar conmigo a las nueve. Nada más y colgó.

Muchas veces había pensado en cambiar de empresa, pero al final no se había atrevido a dar el paso, mi salud peligra aquí, pensaba, y aun así todas las mañanas a las ocho estaba allí como un clavo.

¿Qué coño querrá? Encima esperar una hora para saberlo, miro en su ordenador los últimos informes y los repaso, no había errores, entonces ¿Por qué me ha citado? Durante los próximos minutos Tomas repaso sus actividades de los últimos días no encontrando nada anormal.

Cinco minutos antes de la hora indicada entro al baño y se lavó la cara, volvió a ver esos ojos pequeños, pero ahora le parecieron tristes, muy tristes que ahora le interrogaban a través del espejo, ¿Qué habrás hecho para hacernos subir?

Subió por la escalera, sus manos sudaban y las acaricio con el pañuelo antes de entrar. Aspiro aire y llamo a la puerta.

Dentro había tres personas, las saludo cortésmente y su jefe le indico que se sentara. Por un momento pensó en dar media vuelta y salir corriendo pero dudo que sus piernas le acompañaran. Se sentó en un lado de la mesa y frente a él se fueron acomodando los otros tres protagonistas.

Unos comentarios sobre el tiempo y le fueron presentadas, temió lo peor, la directora de recursos humanos en persona y otra persona de organización, empezó a temblar. Tomas, le dijo su jefe, últimamente te he seguido muy de cerca y estoy muy satisfecho con tu trabajo, poco a poco bajo su ritmo de respiración. Vamos a realizar cambios en la empresa y hemos pensado en ti.

Le entro una especie de euforia, han pensado en mí, sus facciones se tensaron, una a una miraba a las tres personas que tenía enfrente y le sonreían, poco a poco reacciono mientras su jefe le explicaba los cambios que se realizarían. ¿Te queda poco para la jubilación? Le pregunto la jefa de personal, si, le respondió. 

Ella lo sabía perfectamente ¿Por qué lo preguntaba? Eres, continuo diciendo, el candidato perfecto.

¿Pero a qué? Se preguntó Tomas, no hacían más que darle vueltas. Tenemos que pedirte un favor, dijo su jefe. Necesitamos una persona de confianza, alguien como tú, en la que confíen sus compañeros para llevar a cabo esta organización.

Hubo un largo silencio, no comprendía nada ¿Qué querían decir?  En un momento le explicaron el plan, Tomas ocuparía durante unos meses un cargo que le permitiría hacerse cargo de las bajas necesarias en la empresa, después se jubilaría con una abultada compensación.


Tomas recordó aquellos ojos que contemplo por la mañana…


 

 

domingo, 12 de febrero de 2017

El calcetin

Llovía.

Habíamos dejado atrás las congestionadas calles de Barcelona. Nuestro destino: un centro comercial situado en las afueras de la ciudad.

Esta pesado el trafico, te dije. Tu me respondiste con un escueto sí. Estabas más pendiente de tu móvil que de mi.

Aparque en el subterráneo, te agarre de la mano y salimos a la abarrotada plaza. Soy poco amigo de estas zonas comerciales y las pocas veces que voy me hago la misma pregunta: que les darán a todas estas personas que están aquí, nunca creo que lo entienda.

Pero hoy habíamos decidido venir, nuestro objetivo era claro, o eso pensábamos entonces, iríamos directamente a buscar un electrodoméstico y un mueble que necesitábamos para casa.

Hay una cosa que me llama poderosamente la atención de las tiendas de muebles, que todas las camas y sofás que exponen estén siempre ocupados por tipos o tipas sonrientes que, supongo, están comprobando sus bondades. Pero hoy una cosa me ha llamado la atención, a esta “sana” costumbre se ha añadido la de las fotos practicando los selfies.

Maravillado he quedado, posiblemente esta noche al abrir el face o el instagram descubriré alguna de esas interesantes fotos que contemplo ahora su ejecución.

El caso es que, como otras veces, nuestro periplo por la tienda de muebles terminó sin resultados, a veces pienso que cuando llevas una idea predefinida, encontrar multitud de opciones produce el efecto inverso, no saber cual elegir.

De camino a buscar el electrodoméstico se cruzó en nuestro camino una archiconocida tienda de nombre color verde y nos dejamos arrastrar por visitarla. Craso error, después de muchos minutos recorriendola optamos por coger un pack de calcetines para uno de los niños.

En la caja nos ofrecieron una bolsa que rechazamos. Una vez fuera comenzamos con el reparto de este material por los distintos bolsillos, había que protegerlos de la lluvia.

Dos pares terminaron en tu bolso, el tercero en un bolsillo de tu abrigo, y así continuamos nuestra infructuosa mañana de compras.

Unas horas después llegábamos sedientos a casa y te dispusiste a sacar el enorme botín de toda esa mañana de compras.

Observe que registrabas tus bolsillos y el bolso y no entendí tus gestos, me acerque y te pregunte. Me falta un calcetín, dijiste. No puede ser, replique, mira bien.

Vi que te enfadabas por momentos, este no aparecía.

Me miraste y poco a poco una carcajada estalló de nuestras bocas.


Ya tengo tema para mi próximo post, te dije sonriendo mientras tu estirabas de mi mano para acercarme a ti con sonrisa picarona. 




miércoles, 18 de enero de 2017

La clínica y 2


Pasó la enfermera con la pastilla de la noche. –He traído una pastilla para dormir- señaló sin sacarla del bolsillo –sí, ya sé que no quiere tomarla, pero por si acaso- Ni contesté. Salió y apagamos la luz. La habitación se sumió en la penumbra, un punto de luz mínimo al nivel del suelo impedía la oscuridad absoluta. Esta noche me costaba conciliar el sueño y comencé a dar vueltas en la cama.

Poco a poco comencé a oírlos, al principio no les di importancia pero poco a poco reclamaron mi atención. Procedían del baño y eran como rumores acompasados que se oían intermitentemente. Comencé a imaginar estando mi vista fija en el techo de la habitación. De repente un sobresalto, la puerta del baño se abrió. 

Y después nada.

No aguanté sin saber más, poco a poco me levanté y fui en silencio hacia el baño. Agarré la puerta abierta y miré, creí ver algo, me sobresalté y después no recuerdo nada.

Fui despertando poco a poco, sentí un dolor sordo en mi pierna, acerqué mi mano y me asusté, tenía la pierna vendada.

Accioné el interruptor de la luz y no reconocí la habitación.

Mi primera idea era que no había despertado aún. De repente un pensamiento me asaltó, un espejo, necesito un espejo. Como pude me levanté y entré al baño, lo que vi en el espejo me derrumbo.

Ante mí, un cuerpo de mujer, mucho más joven que yo pero ajado por la vida. Con la mano libre me acaricie el rostro, sentí mi mano recorrer una barbilla desconocida, vi unos ojos tristes y derrotados fijos en mí, ¿Dónde estaba yo? ¿Dónde estaba mi brazo?

Me sentí desfallecer, me senté en una pequeña banqueta e intenté comprender la situación sin éxito. Me sentía solo y desolado, buscaba mi vida y no correspondía a este cuerpo, a esta situación. ¿Estaría perdiendo la razón? Salí del baño y me tumbe en la cama de aquel hospital otra vez.

Mi cabeza hervía acompasada al ritmo de mis pensamientos, intentaba buscar una explicación a una situación imposible. Sin apenas percibirlo caí en un desasosegado sueño.

Sobresaltado desperté, me eché mano a la pierna primero, tocando después el resto de mi cuerpo. Estaba frío y empapado en mi propio sudor. Con la ayuda de mi asustado acompañante fui al baño, allí delante del espejo estaba yo otra vez.

Una ducha y una conversación más tarde, la tranquilidad y el convencimiento de haber tenido una pesadilla me hicieron calmar. Me había parecido tan real que no paraba de mirar mi pierna y mi brazo.

Pasadas unas horas me puse la bata y salí a pasear por el pasillo. Cuando ya regresaba se abrió la puerta de la habitación de enfrente.

Creí desvanecerme cuando la vi, sus ojos, su boca, su pierna vendada.



No me cupo la menor duda…   


viernes, 13 de enero de 2017

La clínica y 1


Estaba terminando la convención. Entre despedidas sucedió, un traspié, un tropezón, un… resultado: una mala caída. Al ir a levantarme lo note, aquel brazo no estaba bien.

Hacía días que la maquina empaquetadora hacia un ruido extraño. La habían comprobado los de mantenimiento sin observar nada extraño, pero esa mañana sucedió, un ruido como un suspiro, algo que golpeo su pierna y luz, mucha luz.

Las emergencias acompañadas de la Policía Local acudieron. Unos minutos después esperaba en un pasillo de urgencias sentado en una vieja silla de ruedas. La enfermera se acercó al técnico de la ambulancia. Ya te firmo yo, le dijo, estamos colapsados. Él le sonrió y se marchó.

Abrió los ojos y vio un extraño techo blanco, enseguida se dio cuenta que era un hospital, al percatarse que había despertado su madre se acercó, acariciándole la frente le susurró: vaya susto que nos has dado cariño. Entonces comenzó a recordar.

Me introdujeron en un box, al lado solo se oían susurros y gritos, una voz de una persona mayor no paraba de preguntar por su escalera, tranquilo papa, le decía una voz de mujer, después otra vez gritos y susurros. Yo pensaba que no tendría nada importante ya que nadie me hacía caso.

¿Qué me ha pasado? Le preguntó a su madre. Un accidente, un terrible accidente que podía haber sido peor. Su madre era la pura imagen del optimismo. Creo que te van a operar, ahora vendrá el doctor.

Hola soy la doctora Rey, traumatóloga. Vaya pastel que te has hecho camarada, me dijo sonriente. Vamos a hacerte unas placas y evaluamos. Tranquilo, de esta no morirás. Al momento avanzaba por un pasillo. La escena me recordó algunas películas, pero los golpes que le propinaban continuamente a la camilla impedían concentrarme.

El doctor era guapísimo, con una gran ternura le explicó que una de las piezas de la maquina había reventado y se había incrustado en su pierna. Te hemos estabilizado y retirado el objeto pero ahora hay que reconstruir y te lo harán fuera de aquí. ¿Cómo te encuentras? Sin dejarle contestar le informó que la trasladaban a una clínica de Barcelona.

Después de las placas vino la traumatóloga, te vamos a minimizar el problema y te enviaremos a tu clínica de referencia a ver si conviene operarte. Dicho y hecho, me inyectaron calmantes y me redujeron la fractura. El día siguiente, después de un sinfín de llamadas y circunstancias, por la tarde ingresaba en la habitación 207 de una clínica de Barcelona.

La ambulancia paró en la puerta de urgencias. Después de diversas pruebas y evaluaciones quedó ingresada en la habitación 217. Su madre descansó por fin, no había traído casi ropa.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Premio Liebster Awards

Premio Liebster Awards







He tenido el enorme honor de ser nominado para el Premio Liebster Awards por la excelente escritora Ana Madrigal. Soy un seguidor de Ana desde hace mucho tiempo y me tiene cautivado por sus maravillosos relatos.

Gracias Ana por acordarte de mi.

Las reglas oficiales del “Liebster Blog Awards” son las siguientes:



  • Agradecer la nominación
  • Poner el logotipo del premio en un lugar visible del blog.
  • Nominar a 5, 10 o 20 blogs. Tan pronto como se nominan, ya se convierten en ganadores o ganadoras.
  • Seguir el blog que te otorgó la nominación.
  • Contestar 11 preguntas o contar 11 cosas sobre ti. Yo elijo la primera opción.
  • Comunicar a los nominados en sus respectivos blog o en las redes sociales.






Las preguntas a las que tengo que contestar son las siguientes:

1 ¿Cómo te decidiste a iniciarte en el mundo blogger?

Toda mi vida me ha gustado escribir. Una noche me pregunte si seria capaz de mostrar mis relatos a otras personas. Así comenzó todo.
2 ¿Haces tu blog por diversión?

Lo cierto es que no. Lo que comenzó como un reto es ahora mi joya mas preciada. Escribo, reescribo hasta que me entusiasma mi relato. Es entonces cuando ve la luz.
3 ¿Cuántos días a la semana escribes?

Escribo por impulsos. Las ideas brotan en mi mente y les doy forma. Unas llegan a la fase final, otras se quedan por el camino.

4 ¿Sobre qué disfrutas más escribiendo?

No tengo temas estrella. Cualquiera tiene un hueco si consigue contagiarme la emoción necesaria.
5 ¿A veces te dan ganas de corregir lo que has puesto, cuando ha pasado algún tiempo y lo vuelves a leer?

Si, pero cada uno de mis relatos es único, por eso no los toco.

6 ¿Llevas un orden para escribir, corregir y comentar?

No, para mi la escritura es una pasión y como tal no tiene orden.

7 ¿Eres escritor o escritora?

Soy un aprendiz de todo. No me considero escritor en el sentido normal, soy, o mejor dicho quiero serlo, un intento de narrador.

8 ¿Qué sientes cuando te leen y te dejan un comentario?

Me encantan los comentarios. Cada uno son a la vez una fuerza que me anima a continuar y a la vez una oportunidad de aprender.
9 ¿Tienes alguna de tus entradas en tu blog a la cual le tienes un cariño especial?

En absoluto.
10 ¿Te disgusta que te pongan un comentario negativo?

En absoluto. Ya he dicho antes que son un apoyo para mi.

11 ¿Te esperabas el premio?

No y me siento muy honrado al recibirlo de mi admirada Ana.



Mis nominados son:
  1. Rafael Ricote: Rafael Ricote
  2. Yolanda Mompel: El blog de María Mod
  3. Mary Cugat: Mary Cugat
  4. Gerardo Vazquez: Varado en la llanura
  5. José R. Capel PURPLE Relatos en Re Menor




¡Enhorabuena a todos!