domingo, 21 de febrero de 2016

Se quito las gafas


No recordaba desde cuando las utilizaba, sería la edad, se repetía una y otra vez. Aquella tarde estaba bastante harto del trabajo. Todo se reducía a un intenso día de problemas.

A Ulises le gustaban los problemas, a veces repetía que eran la sal de su trabajo. En su empresa y entre sus conocidos tenía fama por sus soluciones a veces imaginativas y audaces, muchas veces acudían a él para que les orientara ante cuestiones para ellos insolucionables. Acostumbrado  a bregar con ellos desde hacía unos años no le asustaban, pero, como él decía, había dos clases de problemas, los solucionables y los imposibles.

Hacía mucho tiempo que no se encontraba con uno de estos y aquella tarde una vez concluido el trabajo estaba allí en su coche intentando solucionar uno de ellos.

Con todos sus sentidos alerta bajo la mirada, por más tiempo que pasara no había podido acostumbrarse al desasosiego que le producía no encontrar una salida a la cuestión, conocía bien esa sensación.

Vamos se dijo, una mas no va a conseguir turbar mi sonrisa….


Luchare hasta conseguirte.



viernes, 19 de febrero de 2016

Gire la manilla de la puerta



Gire la manilla de la puerta, presione levemente y apareciste ante mí. 

Nunca habría sospechado encontrarte allí. Te recordaba de mi niñez cuando correteaba por el jardín. Fueron unos años intensos y maravillosos en los que mi mayor preocupación era encontrarte para jugar contigo. 

A veces, coincidiendo con mis malos momentos, suelo recordar tus ojos taladrándome a mi lado. Nunca supe lo que pensabas en aquellos momentos, no voy a decir ahora que me quite el sueño pero.... ¿que no hubiera dado para saberlo? 

Ahora, muchos años después, me ha sobresaltado tu imagen, ha sido como si retrocediera en el tiempo para sentir aquellos aromas, para ver aquellos bonitos ojos y sentirme niño una vez más. Por un momento he pensado en dejar todo y comenzar una nueva vida para ser aquella persona que imaginaba en mi infancia y juventud pero enseguida he desistido, tengo muchas hipotecas de todo tipo sobre mí. 

Finalmente he cogido tu foto y he huido, así estarás siempre conmigo mi fiel perro Treski.


 

viernes, 5 de febrero de 2016

Pepe



Pepe era poca cosa, pasaba los días con su madre en un pequeño apartamento de una gran ciudad. 

Trabajaba en una ferretería. Su jefe lo ignoraba, pasaba desapercibido. Todos los días volvía a casa realmente cansado, se ponía un chándal y cocinaba. Su anciana madre lo idolatraba, Pepito, le decía,  ¿Cómo ha ido el día? bien mama, le respondía invariablemente. 

Adela, que así se llamaba su madre, pensaba que nunca podría estar mejor que con ella pero Pepe no pensaba lo mismo. Todas las noches una vez acostado pasaba horas enteras pensando en un mundo lleno de amor. 

Se imaginaba caballero andante con una, no, con varias mujeres pendientes de él. 

Era su mundo, un mundo imaginario en el que solo vivía el. 

Muchas noches se levantaba en silencio para no despertar a su madre, y  bajo una tenue luz escribía cartas de amor cargadas de poesía, cartas que no tenían destinataria. 

Soñaba que un día entraría a la ferretería una clienta que quedaría prendada de él, de sus besos, de su amor. Esa era su vida. 

Un día, por casualidad paso por delante de un quiosco donde vendían lotería. Por una corazonada cogió un décimo que guardo rápidamente en su cartera.

Pasaron varias semanas y Pepe no volvió a pensar en ese papel hasta que un día entro en la ferretería un cliente que le decía a todo el mundo que le había tocado la lotería. 

Esa tarde se acercó a la misma tienda a preguntar por su número. Se quedó paralizado cuando le dijeron que le había correspondido una enorme cantidad de dinero. Pepe no sabía qué hacer. Completamente trastornado estuvo recorriendo la calle de arriba abajo y de abajo arriba. Cuando ya se pudo tranquilizar marchó a su casa con la intención de no decirle nada a su madre. 

Pepe no cambio su vida, se compró un piso más grande e incluso pensó en comprarse coche, pero para que lo quería si no tenía carnet. Siguió volviendo cada mañana a la ferretería y por la tarde llegaba a casa agotado. Su madre nunca lo llego a saber. 


Guardo todo aquel dinero para aquella clienta que estaba convencido que un día aparecería….


 

martes, 2 de febrero de 2016

IV - El silencio



Después de todos estos años pasados en el convento había comprendido el lenguaje del silencio. A otras personas les puede resultar violento pero tanto José como yo sabíamos disfrutar de él. 

Te tengo que explicar una etapa de mi vida que no conoces, dijo en voz baja mirándome a los ojos, yo entonces era joven y audaz. En aquellos años dedicaba mi vida a disfrutar de la posición de mi padre.

Disfrutaba cortejando a las damas sin importarme posición ni estado, cien veces fui advertido y alguna más desoí los consejos de los demás. Un día, de resultas de un marido despechado, me batí en duelo con él y con un grupo de guardias que nos sorprendieron. El resultado de la hazaña fue que mate al marido y a un guardia, dejando malherido a otro que no se si llego a recuperarse. 

Pero lo más cruel de esta historia empezó para mí aquel día. Abandonado y repudiado por todos mis anteriores amigos solo conseguí apoyo en mi familia. Cuantas veces llore amargamente de impotencia al ver el trato para conmigo de aquellos compañeros de aventuras. 

En unos meses fui enseñado de la verdadera razón del comportamiento humano.

Durante unos minutos vi a un José completamente distinto al que yo conocía, creí ver brotar las lágrimas de sus ojos y note quebrarse sus palabras. En su mano retorcía un vaso vacío que era el objeto de su mirada y de sus palabras. 

No me podía quitar de encima el recuerdo de la firma de mi hermano Justo. ¿Qué razón podía existir o era solamente una coincidencia?

Mañana parto hacia Portugal, me dijo José, voy a luchar con un amigo. Quiero que vengas conmigo. Me quede helado, jamás hubiera podido imaginarme empuñando un arma, sonreí. ¿Estás loco? Le respondí. Ven. Entró en su alcoba y me enseño un manuscrito de un tal Alfonso Lopez de Tejada, capitán al servicio del tercer duque de Alba (Fernando Alvarez de Toledo). En ella le reclamaba su asistencia a cambio de un pasado limpio. 

Ves, me dijo ¿qué hago yo allí si nunca he tenido en mi mano un arma? le pregunté. No te preocupes por eso, me contesto, iras bajo mi protección y yo te iniciare. No sabía que decirle, ciertamente allí no tenía nada que hacer, pero de eso a luchar…. Toma, me acerco un vaso. Su mirada había cambiado en un instante, de aquellos ojos sombríos, fúnebres diría yo que no quedaban nada.

Cogió su vaso y lo acabo de un trago. Sabía que vendrías, vamos a celebrarlo.

Me sentí poseído otra vez por su personalidad, lo cierto es que solo con su presencia me tranquilizaba. 

Visitaremos la taberna y después iremos a conseguir todo lo necesario, pareces un monje, estallo en sonrisas. Unos minutos después ya estábamos con otro vaso en las manos. José parecía otro, imagine a este hombre veinte años antes, corriendo por su Sevilla de lance en lance, no lo conseguí, para mí era el tutor, el padre que nunca existió y ahora sería mi compañero de fatigas….


Continuara....