lunes, 18 de enero de 2016

Cien



Recuerdo el día que tuve la idea. Siempre me ha gustado escribir pero solo lo había utilizado para completar mi blog de fotografía.

Enseguida me entusiasme, yo creía que para escribir debían de darse unas condiciones especiales, es la llamada inspiración, meses después he comprobado que la inspiración surge espontánea o espoleada por uno mismo.

Al principio mi meta era publicar un relato cada cierto tiempo, pero una vez comenzado el periplo me di cuenta que escribir engancha, ahora me hago la idea de lo maravillosa que debe  ser una vida dedicada solo a esto, a escribir.

Pero muchos de estos relatos se los debo a mi musa, una musa que me acompaña día y noche, que me guía y me aconseja, que hace que todo sea a la vez mas fácil y mas complicado, tu ya sabes quien eres, solo te pido que no me faltes nunca….

Y como este post, el número cien, es de celebración, dejadme que os invite a vosotros, a mis queridos lectores, a acompañarme con vuestros sentimientos y con vuestras sonrisas cómplices en este maravilloso momento, como ya os he dicho más de una vez no soy nada sin vosotros, sin mis fieles lectores, sin vuestro apoyo este blog no seria mas que una ventana abierta al desierto, con vosotros desde esa ventana se ve la primavera, la primavera que esta en cada uno de vuestros corazones.


Mil y una gracias, os adoro….



miércoles, 13 de enero de 2016

Me acaba de decir mi hija



Me acaba de decir mi hija que me presente a un concurso de microrelatos sobre el tema “propósitos de año nuevo”

Uno de los problemas es que siempre que escribo me dejo llevar por ideas que surgen en mi mente, el segundo es que estos cambios de año me parecen una circunstancia extraña, según pienso en cualquier momento de nuestra vida puede surgirnos la necesidad de hacer un punto y aparte, sentir que es indispensable un cambio para continuar la vida.

En nuestra cultura se sufre o más bien se celebra este cambio, un amigo me decía hace unos días que deseaba que terminara este año a ver si su suerte mejoraba. Lo mire con asombro ¿de verdad lo creería?

Se me ha ocurrido el típico deseo, ir al gimnasio. Pues bien ya estoy en ello, después he pensado en brindar más atención a mis familiares y amigos, creo que lo podre mejorar. He pensado en el trabajo y hasta en la política que me abochorna…. Al final me quedo con algo que desde hace tiempo vengo intentando con poco éxito: intentar que seais todos felices.


Si se lograra llegaría a ser feliz yo también, mientras tanto….



lunes, 4 de enero de 2016

Vamos, me dijo….



Faltaba poco para llegar a las doce de la noche. En la calle no quedaba nadie, sonreí recordando esa señora desesperada que hace unas horas preguntaba en el súper por uvas para esta noche. 

Aquella noche iba a ser distinta, allí estaba yo al lado de aquella cama sonriendo a mi pesar, -lo importante es la sonrisa- me decía interiormente, intentando calmar esas lagrimas que luchaban por aparecer. 

Hace unos minutos se acercó el médico y negó con la cabeza, mire a mi padre, creo que en unos pocos días había reducido su altura varios centímetros.

Sujetaba con su mano la de su anciana madre. A sus mas de cien años cualquiera hubiera dicho que ya era suficiente, pero aquella era su madre y a el le faltaban otros tantos de poder disfrutar de ella. 

Esa misma tarde y con la lucidez que demostraba le había dicho -hijo no quiero estar aquí, esto está lleno de médicos-. Bonito epitafio para una persona que jamás había tenido enfermedad alguna, terminar su vida en un hospital repleto de médicos…. 

Ven, le dije, tenemos que llevárnosla. El me miro con unos ojos espectacularmente abiertos, ¿Qué dices? ¿estás loco? Dime que hace aquí, le respondí. No quiero que sufra, me dijo. Le cogí la mano y lo observe, el que era capaz de enfrentarse a todo estaba allí frente a mí, derrotado, cabizbajo. 

Reacciona, le respondí. Llevémonosla. 

Hubo un largo silencio y me volvió a mirar. Su mirada había cambiado en un momento.

Vamos, me dijo….


 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Me hubiera gustado ver nevar en París….



Subí las escaleras. Ya veía la Basílica del Sagrado Corazón cerca de mí. 

Aún recordaban mis piernas los 197 escalones que subí para llegar a la plaza du Tertre  y el recorrido por las estrechas y empinadas callejuelas del barrio de Montmartre que me habían traído hasta aquí. 

Lo cierto es que me había quedado maravillado con las obras de arte que había visto en la plaza, en ellas había buscado tus ojos pero turbado por su recuerdo no los había encontrado. 

Seguí subiendo. Creía que así tu imagen estaría menos presente, pero una vez más me equivocaba. Poco a poco llegue a la plaza de la Basilica y una vez más la majestuosidad del edificio me asombro, era navidad. 

Siempre soñé ver París nevado, lo cierto es que adoraba la nieve y verla cubriendo esta ciudad tenía que ser una experiencia inolvidable. Yo no sabía que jamás volvería, que aquel día había sido la última oportunidad de pisar París. 

Recuerdo cuando empezó aquel sueño, la primera vez me hizo gracia. Me veía subiendo junto a ti unas escaleras que no acababan nunca, pero que no me fatigaban, y así cuando desesperado pensaba en volver atrás aquella figura aparecía ante mí. Entonces tú desaparecías y yo caía al vacío. 

Una y otra noche se repetía este sueño que me atormentaba. 

Entonces fue cuando te perdí. Dejaste de ser mi compañera de susurros y de vida, mi razón de ser y mi desasosiego para ser la compañera ausente de esas largas noches que me tenían castigado a estar en vela pensando en ti. 

Aquel tormento duro una temporada. Poco a poco se fue desvaneciendo como lo habías hecho tú confundiendo entre la niebla de la vida una sonrisa que hace unos meses me parecía etérea. 

Etérea como la vida que ahora, años después me abandona por momentos.

 
Me hubiera gustado ver nevar en París….