Subí las escaleras. Ya veía la Basílica del Sagrado Corazón cerca de mí.
Aún recordaban mis piernas los 197 escalones que subí para llegar a la plaza
du Tertre y el recorrido por las estrechas
y empinadas callejuelas del barrio de Montmartre que me habían traído hasta aquí.
Lo cierto es que me había quedado maravillado con las obras de arte que había
visto en la plaza, en ellas había buscado tus ojos pero turbado por su recuerdo
no los había encontrado.
Seguí subiendo. Creía que así tu imagen estaría menos presente, pero una
vez más me equivocaba. Poco a poco llegue a la plaza de la Basilica y una vez más la
majestuosidad del edificio me asombro, era navidad.
Siempre soñé ver París nevado, lo cierto es que adoraba la nieve y verla
cubriendo esta ciudad tenía que ser una experiencia inolvidable. Yo no sabía que
jamás volvería, que aquel día había sido la última oportunidad de pisar París.
Recuerdo cuando empezó aquel sueño, la primera vez me hizo gracia. Me veía subiendo
junto a ti unas escaleras que no acababan nunca, pero que no me fatigaban, y así
cuando desesperado pensaba en volver atrás aquella figura aparecía ante mí. Entonces
tú desaparecías y yo caía al vacío.
Una y otra noche se repetía este sueño que me atormentaba.
Entonces fue cuando te perdí. Dejaste de ser mi compañera de susurros y de
vida, mi razón de ser y mi desasosiego para ser la compañera ausente de esas
largas noches que me tenían castigado a estar en vela pensando en ti.
Aquel tormento duro una temporada. Poco a poco se fue desvaneciendo como lo
habías hecho tú confundiendo entre la niebla de la vida una sonrisa que hace
unos meses me parecía etérea.
Etérea como la vida que ahora, años después me abandona por momentos.
Me hubiera gustado ver nevar en París….
No hay comentarios:
Publicar un comentario