miércoles, 22 de junio de 2022
Uno de mis abuelos se llamaba Tomas.
miércoles, 1 de junio de 2022
Coche 7, asiento 7C
miércoles, 11 de mayo de 2022
Solo quiero la luna...
Baja por las escaleras
Cuando les dijeron que trabajarían en el mismo departamento les hizo mucha ilusión, eran jóvenes y se habían casado hacía poco. El conseguir aquellas dos plazas en la misma empresa fue una verdadera proeza, pero el que al poco tiempo pudieran trabajar juntos les pareció una premonición, estarían siempre juntos y felices.
Pasados unos años nombraron a Joan, responsable del departamento. Montse se debatía entre su amor por él y el hecho de que ella tenía mayor formación y mayor capacidad de trabajo.
Dentro del departamento había dos clanes, los que apoyaban a Joan y los que pensaban como ella. Lo cierto es que cada vez hablaban menos entre ellos. A Montse le gustaba pasar las tardes de los domingos enrollada en una manta y tumbada en el sofá. Era el único momento de la semana que podía ponerse delante de la pantalla del televisor y relajarse. Al principio Joan se ponía con ella y la abrazaba. Poco a poco fue cambiando y se pasaba las tardes delante del ordenador trabajando, intentando llegar donde no lo había conseguido durante la semana.
Las cenas de domingo eran tensas, Montse hacía algo rápido y se mostraba relajada, Joan, en cambio, estaba nervioso al pensar que el día siguiente era lunes. Hacía tiempo que odiaba ese trabajo que le superaba y le dejaba en evidencia delante de sus anteriores compañeros. Montse conseguía con su presencia minimizar los problemas y mejorar el ambiente, pero comenzaba a estar cansada.
Aquel jueves la llamo el Director. Después de explicarle con un montón de datos sobre la situación del departamento, le dijo que cesaban a Joan y que habían pensado en ella. Inmediatamente se negó, valoraba más la relación con el que ese puesto. – No puedo hacerle eso -, - no lo entendería -, El Director se mostró contrariado por la decisión, desde su punto de vista no podía comprender la situación y le expresó su decepción.
Finalmente fue otro compañero el que ocupo el puesto, Montse intento apoyar a un Joan humillado y hundido que cada vez estaba más alejado de ella.
Meses más tarde, a través de un ERE, prescindieron de ellos. La alegría por un trabajo en la misma empresa torno en un grave problema. Empezaba una nueva vida en común.
Montse, con su acostumbrada sensibilidad, intento revertir un grave problema en una oportunidad. Puso manos a la obra ante la desesperante reacción de Joan.
Una noche dijo basta, aquel amor juvenil, aquella maravillosa pasión habían dado paso a una relación oscura, desafiante a veces.
Aquella fue su última noche.
jueves, 28 de abril de 2022
La escultura
Coral era conservadora en un museo de Barcelona. Por su mesa pasaban las nuevas adquisiciones del museo y como metódica que era le gustaba analizarlas hasta en sus más pequeños detalles.
Una mañana recibió un busto bastante muy mal envuelto. A su petición de aclaraciones le informaron que era una figura que había aparecido esa misma mañana a su nombre en la puerta del museo.
Había dos cosas que le llamaron poderosamente la atención, la primera era la exquisitez de la talla, la segunda es que ese rostro le recordaba algo. Intento datarla para averiguar quién y cuándo la había realizado, pero no encontró información por ningún sitio. Por afinidad al estilo pensó situarla en la época neoclásica, pero había algo que la desconcertaba y no sabía qué.
Reviso las obras de Antonio Canova, lo cierto es que le recordaba poderosamente su estilo, estudio la obra de dos de sus más avanzados coetáneos: Damià Campeny y José Álvarez sin resultado.
Estuvo todo el día ensimismada en aquel busto, tanto que olvidó comer y casi respirar.
Al llegar la noche, turbada y molesta por la falta de resultados, se marchó a casa. Caminando no dejaba de darle vueltas a la imagen, yo la he visto en alguna parte, se repetía.
Así una y otra vez.
Una vez en casa una ducha la reconforto un poco. Secándose echo un vistazo a las fotos que había encima de la cómoda del salón. Al mirar una de ellas se quedó helada. Allí estaba ese rostro, en una foto de su infancia.
Excitada por el hallazgo, cogió la foto y llamo a su madre. En un minuto le explico todo esperando que le pudiera aclarar donde se realizó, pero no tuvo éxito. Otra vez estaba en la misma encrucijada.
Al día siguiente acudió al trabajo, al verla su compañero Ovidio le hizo notar las ojeras que había traído, ella le explico que casi no había dormido presa de la obsesión por encontrar una solución a este enigma. Los dos juntos bajaron a recepción a intentar averiguar algo más, hablaron con la persona que lo había encontrado e incluso miraron en los aledaños del museo para encontrar una pista, pero no resolvieron nada.
Pasaron varios días, Coral estaba a punto de rendirse cuando llego una carta a su nombre. Sorprendida la abrió. Dentro había un manuscrito que se refería a la estatua. Decía:
“Ese busto que tienes en tu poder ha pertenecido a tu familia desde hace muchos años. Sobre él reza una leyenda por la cual todas las mujeres que toquen ese rostro morirán antes de cumplir los 15 años. Es por esto que tu abuelo lo escondió a los pocos años de nacer tú.
Hasta hace unos días nadie sabía de su paradero, pero al hacer unas obras en la casa apareció escondido detrás de una pared, por eso te lo hice llegar.
Tú sabrás qué hacer con él”