lunes, 5 de octubre de 2026

La rutina del espejo


Siempre que me miro en ti busco algo más. Algo que no está en la superficie, algo que se esconde detrás de la imagen que me devuelves. Sé que, al otro lado de ese reflejo, existe una puerta. Una puerta silenciosa que se abre hacia un territorio donde todo es posible: el infinito mundo de los sueños.

Tú todavía no sabes que mi imagen también transita por ti, que una parte de mí queda suspendida en tu superficie cada vez que nuestros ojos se encuentran. No sabes que esos reflejos que se adivinan detrás de mi espalda no son simples formas, sino fragmentos de una realidad que nace de la luz y que avanza, lentamente, al mismo ritmo que nuestras vidas.

A veces pienso que el espejo no refleja lo que somos, sino aquello que estamos dejando de ser. 

Guarda nuestros gestos, nuestras ausencias, las pequeñas heridas del tiempo y todo aquello que nunca llegamos a decir.

Por eso tengo miedo cada vez que levanto la mirada hacia ti, porque nunca sé exactamente qué voy a encontrar.

No sé si seguiré estando ahí.

No sé si el reflejo será todavía mío o si, en algún momento, la imagen desaparecerá y solo quedará una superficie vacía, devolviéndome el silencio.

Y quizá por eso vuelvo a mirarte una y otra vez.

Por rutina.

Por miedo.

O simplemente para comprobar que, al otro lado del espejo, todavía existo.


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