viernes, 4 de octubre de 2024

Nevaba fuera


Apoyó su frente en la ventana y vio como sus suspiros se convertían en niebla sobre el cristal. 

La forma de los copos la maravillaban, no sabía cuál de ellos mirar, cuál elegir mientras sus ojos oscilaban frenéticamente de uno a otro. 

Su madre le decía a menudo que cuando ella era niña nevaba muchos días, que en casa intentaban resguardarse del frio apretándose con sus hermanos mientras su padre atizaba los pocos troncos de la chimenea con un hierro. 

Después siempre esas miradas que cruzaba con su madre, aquellas lágrimas en los ojos.

Sus años, después de conseguir aquel trabajo, la llevaron a la Universidad. Aquella facultad la acercó a un clima más cálido y a un mar plagado de reflejos color oro, ahora añoraba esos atardeceres rojos, esa espuma de las olas, ese aroma a agua. 

Pero ella sabía que era de secano, la prueba es que en cuanto terminó de estudiar comprendió que su sitio estaba allí junto a los suyos. Atrás quedaron esos amigos y esa persona tan especial. 

Muchas veces se había preguntado qué fue de su vida, donde estaría ahora. 

Hoy, como todos los domingos acompañaría a su madre a la Iglesia de Santa Lucía, cuantas mañanas de domingo la había cogido del brazo y habían recorrido aquellas calles. 

Pero hoy era distinto, era Navidad, y su padre no las vería salir de casa sonriendo.

Siempre pensé que lo echaría de menos pero no fue así, Se fue una mañana de junio sin casi despedirse, desde aquel día no había visto sonreír a su madre. 

Vamos mamá, gritó mientras volvía la cara hacia la puerta de su habitación. Se nos hace tarde, pero su madre no contestó, estaba ensimismada mirando por la ventana, ni se había vestido. 

Vamos, le animó. 

Hoy no hija, le contestó mirándole a la cara, ni hoy ni ninguna Navidad más…

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Esa falda azul


Tú llevabas una falda azul, recuerdo que hacía un calor terrible, y estabas bellísima….

Semanas, quizás meses, había estado planeando este momento pero una vez más esa mirada tuya me desarmó. 

Hacía un par de años que la jubilación había llamado a mi puerta. Recuerdo ese vértigo cuando me lo anunciaron, mi trabajo era mi vida y creía que no sabría hacer nada más.

Busque mil aficiones, incluso pase por mi antigua oficina en busca de un consejo, un consejo que quería dar pero nadie quería recibir, esa sensación de apartamiento fue cruel. Mire a mis antiguos compañeros idolatrando mi situación, una situación que yo odiaba…  No los entendería nunca.

Escape atenazado por la ira, una ira que entendía bien ya que la había soportado durante los últimos años mientras giraba la cabeza y contemplaba un grupo de personas escondiéndose en un móvil, en un periódico, en cualquier cosa que les hiciera sentirse ocupados.

Empezaba a anochecer, cruzaba la calle y te vi. Sobria, serena, elegante. Me quede entusiasmado ante tus movimientos. Tu melena ondulada intentaba engañar al viento, tus ojos, creí morir al verlos, me recordaron el mar.

Al momento tropezaste, jamás podré agradecer tanto al destino, y allí estaba yo dispuesto a ayudarte. Unas palabras, tu maravilloso aroma, tu mirada, sentí que acababa de morir por ti en este instante.



Llevaba casi cuarenta años trabajando en aquella empresa. Mis padres querían que estudiara mecánica en la escuela de trabajo de mi pueblo pero el segundo año mi madre falleció y tuve que ponerme a trabajar con mi padre. De aquellos años de penurias recuerdo los gritos del dueño, el Sr. Tomás y las miradas derrotadas de mi padre.

Poco a poco llegué a encargado, la empresa comenzaba a crecer y empezaron a llegar maquinaria y herramientas nuevas. Mi padre se jubiló y a las pocas semanas murió. Solo vivía para mi trabajo y mes a mes, año a año, pasaba el tiempo. 



Me dijiste que te llamabas Diana y te sentí muy sola. Después me enteré de que tu marido te dejo por una secretaria de su trabajo, Siempre había soñado encontrar alguien así, por fin esta vida me premiaba o eso creí en aquellos momentos.

Poco a poco nos hicimos íntimos, nuestras sonrisas eran la envidia o la comidilla de mucha gente pero no nos importaban, yo era feliz a tu lado, solo había una nube en aquel maravilloso cielo. 

Supuse que era un hecho pasajero y no le preste mayor importancia.



Un día el dueño de la empresa me dijo que se jubilaba y que su puesto lo ocuparía su hijo. Cuando lo conocí me pareció un verdadero demonio pero ahora realmente sentía su marcha. El nuevo jefe estaba convencido de que la solución a cualquier problema pasaba por un buen marketing.

Un taller como el nuestro, le repetía yo una y otra vez, vive de nuestros clientes y por eso hay que mimarlos. Poco a poco fue llegando personal nuevo y los viejos quedamos relegados a la frustración y el ostracismo. Un día me dijo “tu puesto está en la oficina, no te quiero ver por abajo”

Aquellos cambios en la empresa no me gustaron. Mi trabajo era mi vida y estar allí encerrado en aquellas oficinas con un montón de gente que nunca veía trabajar me enfurecía. Un día vino el jefe y me dijo que quería hablar conmigo. 

En un par de meses ya estaba jubilado.

En una vida tan “complicada” como la del jubilado cualquier novedad era agradecida. Me propuse hacer todo lo que no me había dado tiempo durante “mi vida anterior”.

Así, espoleado por mi afán de cambios, modifique mi forma de vestir, mi comportamiento y poco a poco empezó a cambiar hasta mi carácter. Aquella persona afable y tranquila se estaba convirtiendo en un ser arrogante y nervioso, más preocupado por su imagen que por su vida.


Ayer Diana estaba esperándome en la puerta del gimnasio… jamás la volví a ver.



lunes, 29 de abril de 2024

Una bonita historia


Bajo del automóvil, sabía que el paso que estaba a punto de dar no tendría vuelta atrás.

Sus miradas se cruzaron, no acertaba a definir lo que sentía en aquel momento. La pena lo atenazo –es mejor así para los dos- le dijo susurrando.

Exhalo el poco aire que le quedaba y noto las lágrimas que le llegaban a las mejillas. Se que me arrepentiré, tantos años juntos, pero es mejor así, ya lo veras.

Ella lo miraba en silencio.

Sabes, le dijo mientras recorría el espacio que lo separaba del acantilado, la nuestra ha sido una historia bonita, tú has sido una parte importante de mi vida y sé que te echare de menos, pero no hay otra solución. Cada día al llegar a casa tu estabas esperando, yo te contaba como me había ido el día en la fabrica mientras tu me escuchabas, jamás te interesaste por nada.

Nunca me dijiste si te gustaba la música que te ponía, nunca te vi sonreír ni mostrarte preocupada ante nada y yo, ¿sabes? Me sentía muy solo.

Cerro los ojos y dudo unos instantes.

Se que lo tengo que hacer.

Abrió la puerta y se aferró a ella. Con cuidado la acerco al acantilado y susurrando un triste -lo siento- la deposito en el suelo.

Miro aquella estatua y se marchó.



A veces en la vida la realidad no es lo que parece….


miércoles, 17 de abril de 2024

Por fin en la playa


Aunque nací en tierras de secano siempre me ha apasionado el mar. Hace ya un tiempo que no lo contemplaba y ya tenía ganas. Al doblar aquella curva vi la mancha azul a lo lejos, ya estoy aquí pensé.

Llegamos a aquel hotel y rápidamente subimos a la habitación, lo justo para dejar las cosas y ponernos los bañadores. Nos dirigimos a la playa.

Hasta que no salimos de allí no apreciamos el calor que hacía esta mañana. Por la playa se perdona todo, pensé, adelante. Cargado con la sombrilla, la nevera y un par de sillas fui el primero en tocar aquella arena.

Ufff como quema…. Empecé a andar sobre ella con movimientos posesos, mis pies se quemaban. Al llegar a la orilla mis pies descansaron, la frescura del agua curo en un instante todos mis males. Plaf, sentí un golpe brusco en mi oído, medio noqueado me volví, dos jóvenes estaban jugando con un balón en la orilla, mire alrededor... alguna sonrisa y el mar azul. Que no haría por la playa.

Cuando pensé en descargar toda mi parafernalia me quede sorprendido, cuanta gente había este año, tendré que buscar un hueco detrás, vaya con lo que me gusta a mí mirar el mar, no importa, buscaré.

Y allí estaba contemplando mi trozo de arena, me sentía un conquistador poniendo en vez de sombrilla una bandera. Acabo de conquistar esta playa…. Exclame en voz baja.

Aún no me había sentado cuando un niñito muy pequeño atravesó mi toalla descargando un cubo con agua y arena encima de ella. Y no tiene padres este hi…. Bueno calma, es casi un bebe, lo importante es que he venido a disfrutar de esta playa y nada ni nadie me lo va a impedir.

Saque mi gorra y me senté, eche mano a la nevera a coger una cervecita, pero ¿Dónde está la nevera? Miré desconcertado a todos los lados y no está. ¿Sería posible que me hayan robado la nevera?

"El próximo año me voy a la montaña" dije en voz alta con un cabreo monumental.


Eso ya lo dijiste el año pasado y mira donde estamos, dijo mi hijo pequeño mientras sonreía….

jueves, 11 de abril de 2024

Que mal está el mundo…


Llevaba semanas pensando en aquel viaje. Al principio parecía que se torcía, porque innumerables inconvenientes hacían tambalearse la idea.

Pero poco a poco fue tomando forma, primero con las fechas, en su oficina estaban acostumbrados a que María no cogiera vacaciones, y ese año les desbarato.

Siempre habían hecho los calendarios sin pensar en ella, pero este año sería distinto. Todas las facilidades y buenas caras cuando durante esos años había cedido se transformaron en reproches y exigencias.

Una vez más pensaban solo en ellos.

Pero se aferró a la idea, ella, la eterna solitaria este año quería cambiar, quería disfrutar, aunque solo fueran unos días, de las sonrisas y aventuras que traían sus compañeros al regresar.

La idea surgió una tarde sentada delante de la televisión, aquella película en la que una alemana rubia ya entrada en años y en quilos encontraba al hombre de su vida en un balneario (con múltiples tropiezos y equívocos en el camino) le dio la idea.

De este verano no pasa.

Se miró al espejo y descubrió a una mujer morena rozando la cincuentena, se recorrió de arriba abajo, no se cuidaba habitualmente, pero su figura no estaba mal, delgada y alta. Sonrió.

Mañana empiezo.

Había un salón de estética muy cerca de casa, había pasado por la puerta innumerables veces, y aquel día entro. Les explico lo que quería y lo que significaba para ella. Quedaron encantadas ante aquel reto.

No llevaba la cuenta de cuantas veces acudió, sus manos cambiaron, ese pelo otrora descuidado dio paso a una hermosa melena, tratamientos y enseñanzas cambiaron la forma de verse y de mirarse ante un espejo.

María estaba cambiando.

No modifico sus hábitos en el trabajo, pero comenzó a mirar ropa, sandalias, zapatos, bolsos que poco a poco le ilusionaban. Tantos años sin descubrir un color, el rojo, tantas miradas sombrías con lo sencillo que era sonreír.

Llegaba a casa ilusionada, pensando en lo que le podía faltar, en sí se atrevería al día siguiente a entrar en aquella tienda de lencería que no se había atrevido hoy y se ponía a mirar aquel folleto que quería que fuera el comienzo de su nueva vida.

Allí veía su foto: “Hotel Palacio de los patos”. Tenía muchas ganas de conocer Granada. Hasta la habitación tenía nombre “The Dreamers Room” La habitación de los sueños, de sus sueños…

Y llego el gran día. Arrincono la ropa antigua, se vistió con un esbelto vestido falda pantalón y bajo al taxi. Las tres maletas que le acompañaban iban a ser su mundo a partir de ahora, trátelas con cuidado le dijo al conductor.

Una vez sentada volvió la cabeza hacia el patio de su caso y sonrío.

Adiós María, hola María dijo en voz alta.

El conductor del taxi la miro, movió la cabeza a los lados y pensó:


Qué mal está el mundo…

domingo, 21 de enero de 2024

La escalera


Cuando compró ese miniapartamento ya le llamo la atención. Esa escalera en forma de caracol daba acceso a un espacio superior que el anterior dueño utilizaba como almacén.

Sara pensó en colocar aquí su cama.

El día que vacío las pocas cosas que quedaban, encontró una bonita caja de marfil. Dentro de ella había una colección de cartas de amor. Sara dudó unos segundos, pero al final leyó una de ellas. Se quedó prendada. Guardo aquella caja y continúo vaciando.

Días más tarde tenía el apartamento listo. A Sara no le gustaba tener muchos muebles, solamente los necesarios, eso sí, se colocó arriba una enorme cama. En la mesilla dejo la caja, su tesoro. Así, pensó, podre leer una de esas cartas antes de dormirme.

Sara era muy joven y casi no había dedicado tiempo al amor. Era concienzuda y exigente consigo misma, y aquel apartamento era el resultado de un reto más, el penúltimo, como le gustaba decir a ella.

Aquella primera noche la celebro con dos amigas, abrieron una botella de cava y terminaron riéndose de ellas mismas, Ya sola en casa subió a acostarse. Recordó las cartas y leyó una. En un momento estaba sumergida en aquella bella historia de amor que la atraía poderosamente.

Noche tras noche siguió leyendo aquellas cartas, poco a poco se dio cuenta de que esperaba todas las noches con impaciencia la hora de sumergirse en aquella lectura que la transportaba a un mundo azul, a un mundo que jamás había vivido.

Cuando era vencida por el sueño, aquellas cartas se apoderaban de ella.

Por fin era ella la protagonista de una maravillosa historia de amor. Incluso sentía que la abrazaban, que la acariciaban, no deseaba despertar.

Pero un martes se despertó sobresaltada, sintió que la tocaban. Abrió los ojos y lo vio. Lo conoció al instante, era él, el protagonista de sus sueños. Intento comprender, pero no lo consiguió, de un salto se levantó de la cama asustada, pero la mala suerte la persiguió, dio un traspié y cayó rodando por la escalera.


Sus ojos quedaron abiertos, un fino hilo de sangre apareció en su boca.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El tablon de anuncios


Aquella mañana apareció un cartel en el tablón de anuncios de la urbanización. Este consistía en una hoja tamaño A3 con dos números y un signo enorme en su interior.

Decía: 3 - 2

Si hubiéramos puesto una cámara nos hubiera llamado poderosamente la atención la expectación que aquellos tres signos generaban en todos los que pasaban. Cada uno le daba un significado distinto según su estado de ánimo y sus gustos en la vida.

Manolo, el vecino del patio siete, lo miro y después de sonreír comenzó a pensar en los partidos jugados el fin de semana anterior. Azalea, la del ático del patio tres, se frotó la barbilla y huyo asustada con paso firme hacia la calle.

Incluso Fermín, el portero, creyó intuir un mensaje relacionado con sus turnos de trabajo mientras observaba con interés y cierta desconfianza las reacciones de algunos vecinos, sobre todos los que consideraba que no lo tragaban.

Aquella jornada muchas personas se pararon delante de aquel cartel que al principio les parecía absurdo y después les intrigaba, a más de uno o una les impediría conciliar el sueño esta noche.


Salimos por la tarde al acabar nuestro trabajo, te cogí de la mano y te acerqué al tablón. Al momento sonreíste y me diste una leve y cariñosa patada, ja, ja, ja reías a carcajadas.


Tonto, me dijiste.


¿Qué les importa a los vecinos lo que hicimos anoche?