miércoles, 17 de agosto de 2016

Que mal está el mundo…



Cogió sus maletas y subió al taxi.


Llevaba semanas pensando en aquel viaje. Al principio parecía que se torcía, los innumerables inconvenientes hacian tambalearse la idea.

Pero poco a poco fue tomando forma, primero con las fechas, en su oficina estaban acostumbrados a que Maria no cogiera vacaciones y ese año les desbarato. Habían hecho los calendarios como otros años, o sea sin pensar en ella, pero este año sería distinto.

Todas las facilidades y buenas caras cuando durante esos años había cedido se transformaron en reproches y exigencias. Ninguno de sus compañeros pensó en esos años.

Una vez más pensaban solo en ellos.

Pero se aferró a la idea, ella, la eterna solitaria este año quería cambiar, quería disfrutar aunque solo fueran unos días, de las sonrisas y las aventuras que traían sus compañeros al regresar.

La idea surgió una tarde sentada delante de la televisión, aquella película en la que una alemana rubia ya entrada en años y en carne encontraba al hombre de su vida en un balneario (con múltiples tropiezos y equívocos en el camino) le dio la idea.

De este verano no pasa.

Se miró al espejo y descubrió a una mujer morena rozando la cincuentena, se recorrió de arriba abajo, no se cuidaba habitualmente pero su figura no estaba mal, delgada y alta. Sonrió.

Mañana empiezo.

Había un salón de estética muy cerca de casa, había pasado por la puerta innumerables veces, y aquel día entro. Les explico lo que quería y lo que significaba para ella. Quedaron encantadas ante aquel reto.

No llevaba la cuenta de cuantas veces acudio, sus manos cambiaron, ese pelo otrora descuidado dio paso a una hermosa melena, tratamientos y enseñanzas cambiaron la forma de verse y de mirarse ante un espejo.

Maria estaba cambiando.

No modifico sus hábitos en el trabajo pero comenzó a mirar ropa, sandalias, zapatos, bolsos que poco a poco le ilusionaban. Tantos años sin descubrir un color, el rojo, tantas miradas sombrías con lo sencillo que era sonreír.

Llegaba a casa ilusionada, pensando en lo que le podía faltar, en si se atrevería al dia siguiente a entrar en aquella tienda de lencería que no se había atrevido hoy y se ponía a mirar aquel folleto que quería que fuera el comienzo de su nueva vida.

Allí veía su foto “Hotel Palacio de los patos”. Tenía muchas ganas de conocer Granada. Hasta la habitación tenia nombre “The Dreamers Room” La habitación de los sueños, de sus sueños… 

Y llego el gran día. Arrincono la ropa antigua, se vistió con un esbelto vestido falda pantalón y bajo al taxi. Las tres maletas que le acompañaban iban a ser su mundo a partir de ahora, trátelas con cuidado le dijo al conductor. 

Una vez sentada volvió la cabeza hacia el patio de su caso y sonrío.

Adiós Maria, hola Maria dijo en voz alta.

El conductor del taxi la miro, movió la cabeza a los lados y pensó:


 
Que mal está el mundo…



2 comentarios:

  1. Nunca es tarde para darse una segunda oportunidad. Tu relato tiene mucha miga. No hay día que no te lea que no aprenda algo. Un abrazo y gracias por compartir tus historias

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  2. A ti mi maestra en todo. Sigue escribiendo, eres mi luz, mi guia....

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